ENFERMEDADES DE LOS OLIVOS (II).

TUBERCULOSIS.

Pseudomonas savastanoi.

Características.

La tuberculosis está producida por una bacteria del orden de las Eubacteriales. Se trata de una alteración muy extendida en el olivar español y depende mucho de la sensibilidad varietal, entre otras causas.
Posee de 1 a 4 flagelos polares y pertenece al grupo de las pseudomonas fluorescentes, llamadas así porque producen fluorescencia al ser expuestas en el medio de cultivo a la luz próximas a ultravioleta; sin embargo, existen aislados patogénicos sobre olivo que carecen de esta capacidad. En el tejido infectado, la bacteria forma pequeñas cavidades a partir de las cuales comienza a desarrollarse el tumor. La formación del tumor está asociada a la producción de ácido indolacético y citoquininas por la bacteria.

Sintomatología.

El más común es el tumor o agalla de forma redondeada que llega alcanzar varios cm. de diámetro. Los tumores se forman en troncos, ramas, tallos y brotes. Las hojas, raíces y cuello de la planta pueden verse afectadas, aunque con menor frecuencia e intensidad. Las infecciones en fruto son infrecuentes y por ello han pasado desapercibidas hasta hace poco tiempo. Estas infecciones suelen producirse en el verano con lluvias abundantes, causando manchas de 0,2 a 3 mm. de diámetro, que inicialmente son de color marrón y después se oscurecen y quedan deprimidas.
Los tumores jóvenes son de color verdoso o marrón claro y de aspecto liso. Internamente presentan una apariencia esponjosa de congestión acuosa. En cambio, los tumores viejos son más oscuros, el tejido interno suele estar hueco y la cubierta es rugosa y con grietas y frecuentemente es aprovechada como morada por los insectos. Los tallos severamente afectados crecen menos, se defolian y pueden llegar a morir.

Epidemiología.

Ciclo biológico:
La bacteria sobrevive de una estación a otra en los tumores. En presencia de agua libre, produce exudados que pueden ser lavados por la lluvia, dispersando al patógeno. Además, la bacteria presenta una fase epifita o residente en las partes aéreas, pudiendo vivir y multiplicarse sin causar infección. Los máximos de esta población epifítica se producen en torno abril y noviembre, fechas en que es muy probable que se produzcan heridas por la caída de hojas y el riesgo de heladas.
Las heridas producidas por la caída de hojas, daños de insectos, heladas, granizo, cortes de poda, o por el vareo en la recolección, son las principales zonas de infección. La susceptibilidad de las heridas a la penetración disminuye con el tiempo y al reducirse la humedad. En las heridas producidas por la caída de hojas, la susceptibilidad disminuye drásticamente durante el primer día y llega a anularse entre el 7º y 9º día.
El rango de temperaturas para la infección es de 4 a 38 ºC, lo que permite a la bacteria causar infecciones durante el invierno; el óptimo se sitúa en torno a los 23 - 24 ºC y los períodos de infección más probables se producen en otoño y primavera. La duración del período de incubación depende del momento de la infección. En las infecciones de otoño e invierno el tumor no se produce hasta la primavera siguiente, en tanto que en las de primavera y principio del verano, éste puede desarrollarse en 10 – 14 días. Ello hace a estas últimas especialmente peligrosas, sobre todo cuando coinciden temperaturas elevadas y lluvia en presencia de heridas. La bacteria puede penetrar por aberturas naturales, como estomas donde se multiplica en la cámara subestomática, pero sin heridas no forma tumores.
La dispersión de la bacteria a gran distancia está asegurada por el traslado del material vegetal, y a corta distancia puede dispersarse de una planta a otra en aerosoles y en las herramientas de poda. También pueden contribuir a su dispersión los pájaros y la mosca del olivo, aunque probablemente tienen una importancia menor. En este último caso existe información contradictoria sobre la relación existente entre el insecto y la bacteria.


Clima:
Las zonas con abundantes lluvias durante la estación primaveral y con riesgo de heladas tardías o granizo son las más afectadas. El efecto de las heladas en la producción de heridas puede verse acentuado por la presencia de bacterias nucleantes o formadoras de núcleos de condensación de hielo en la superficie del tejido. En esencia, son bacterias criogénicas que catalizan la formación de núcleos de hielo a temperaturas superiores a las que se formarían en ausencia de las mismas. De esta forma se ha demostrado la producción de daños ocasionados por heladas a temperaturas de –2,7 a – 5,5 ºC en presencia de bacterias nucleantes y de escaso daño a temperaturas de –8 a –10 ºC en ausencia de ellas. En olivo, se han descrito agentes nucleantes, pero no están relacionados con P.s. savastanoi, ni parecen ser de naturaleza bacteriana.

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