TUBERCULOSIS.
Pseudomonas
savastanoi.
Características.
La tuberculosis está producida por una bacteria
del orden de las Eubacteriales. Se trata de una alteración muy extendida en el
olivar español y depende mucho de la sensibilidad varietal, entre otras causas.
Posee de 1 a 4 flagelos polares y pertenece al grupo
de las pseudomonas fluorescentes, llamadas así porque producen fluorescencia al
ser expuestas en el medio de cultivo a la luz próximas a ultravioleta; sin
embargo, existen aislados patogénicos sobre olivo que carecen de esta
capacidad. En el tejido infectado, la bacteria forma pequeñas cavidades a
partir de las cuales comienza a desarrollarse el tumor. La formación del tumor
está asociada a la producción de ácido indolacético y citoquininas por la
bacteria.
Sintomatología.
El más común es el tumor o agalla de forma
redondeada que llega alcanzar varios cm. de diámetro. Los tumores se forman en
troncos, ramas, tallos y brotes. Las hojas, raíces y cuello de la planta pueden
verse afectadas, aunque con menor frecuencia e intensidad. Las infecciones en fruto
son infrecuentes y por ello han pasado desapercibidas hasta hace poco tiempo.
Estas infecciones suelen producirse en el verano con lluvias abundantes,
causando manchas de 0,2 a 3 mm. de diámetro, que inicialmente son de color
marrón y después se oscurecen y quedan deprimidas.
Los tumores jóvenes son de color verdoso o marrón
claro y de aspecto liso. Internamente presentan una apariencia esponjosa de
congestión acuosa. En cambio, los tumores viejos son más oscuros, el tejido
interno suele estar hueco y la cubierta es rugosa y con grietas y
frecuentemente es aprovechada como morada por los insectos. Los tallos
severamente afectados crecen menos, se defolian y pueden llegar a morir.
Epidemiología.
• Ciclo biológico:
La
bacteria sobrevive de una estación a otra en los tumores. En presencia de agua
libre, produce exudados que pueden ser lavados por la lluvia, dispersando al
patógeno. Además, la bacteria presenta una fase epifita o residente en las
partes aéreas, pudiendo vivir y multiplicarse sin causar infección. Los máximos
de esta población epifítica se producen en torno abril y noviembre, fechas en
que es muy probable que se produzcan heridas por la caída de hojas y el riesgo
de heladas.
Las heridas producidas por la caída de hojas,
daños de insectos, heladas, granizo, cortes de poda, o por el vareo en la
recolección, son las principales zonas de infección. La susceptibilidad de las
heridas a la penetración disminuye con el tiempo y al reducirse la humedad. En
las heridas producidas por la caída de hojas, la susceptibilidad disminuye
drásticamente durante el primer día y llega a anularse entre el 7º y 9º día.
El rango de temperaturas para la infección es de 4
a 38 ºC, lo que permite a la bacteria causar infecciones durante el invierno;
el óptimo se sitúa en torno a los 23 - 24 ºC y los períodos de infección más
probables se producen en otoño y primavera. La duración del período de
incubación depende del momento de la infección. En las infecciones de otoño e
invierno el tumor no se produce hasta la primavera siguiente, en tanto que en
las de primavera y principio del verano, éste puede desarrollarse en 10 – 14
días. Ello hace a estas últimas especialmente peligrosas, sobre todo cuando
coinciden temperaturas elevadas y lluvia en presencia de heridas. La bacteria
puede penetrar por aberturas naturales, como estomas donde se multiplica en la
cámara subestomática, pero sin heridas no forma tumores.
La dispersión de la bacteria a gran distancia está
asegurada por el traslado del material vegetal, y a corta distancia puede
dispersarse de una planta a otra en aerosoles y en las herramientas de poda.
También pueden contribuir a su dispersión los pájaros y la mosca del olivo,
aunque probablemente tienen una importancia menor. En este último caso existe
información contradictoria sobre la relación existente entre el insecto y la
bacteria.
• Clima:
Las
zonas con abundantes lluvias durante la estación primaveral y con riesgo de
heladas tardías o granizo son las más afectadas. El efecto de las heladas en la
producción de heridas puede verse acentuado por la presencia de bacterias
nucleantes o formadoras de núcleos de condensación de hielo en la superficie
del tejido. En esencia, son bacterias criogénicas que catalizan la formación de
núcleos de hielo a temperaturas superiores a las que se formarían en ausencia
de las mismas. De esta forma se ha demostrado la producción de daños
ocasionados por heladas a temperaturas de –2,7 a – 5,5 ºC en presencia de
bacterias nucleantes y de escaso daño a temperaturas de –8 a –10 ºC en ausencia
de ellas. En olivo, se han descrito agentes nucleantes, pero no están
relacionados con P.s. savastanoi, ni
parecen ser de naturaleza bacteriana.



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