ENFERMEDADES DE LOS OLIVOS I. REPILO.

ENFERMENDADES DE LOS OLIVOS (I)

REPILO
Cycloconium oleaginum. Actualmente: Spilocaea oleagina.
Características.
El repilo es la micosis del olivo más extendida en todas las regiones olivareras del mundo. Si bien es cierto que su incidencia varía mucho de unas zonas a otras, no hay ningún rincón exento de padecer dicho mal. Para los olivicultores españoles, es la enfermedad más importante del cultivo en nuestro país, ya que, en años de lluvia y temperaturas suaves, ha llegado a provocar reducciones superiores al 5 por ciento del total de la cosecha.
El agente causal del Repilo es un hongo Hifomiceto, al cual se le da ahora la nomenclatura más apropiada de Spilocaea oleagina. Este nombre hace referencia al estado asexual del hongo.
Sintomatología.
El síntoma más característico de la enfermedad se presenta en el haz de las hojas, donde se aprecian unas manchas circulares de tamaño variable y de color marrón oscuro-negro, a veces rodeadas de un halo amarillento característico. En otoño-invierno el halo suele estar ausente, mientras que en primavera es muy acusado, tanto en las lesiones jóvenes como en las viejas. El color oscuro de las manchas se debe a las esporas del agente causal, las cuales pueden cubrir la totalidad de la mancha, o bien se distribuyen en anillos concéntricos, sobre todo en las lesiones viejas. La apariencia de las manchas depende de la variedad de olivo, edad de la lesión y condiciones ambientales en las que éstas se desarrollan, pero en cualquier caso siempre resultan de fácil identificación. Las lesiones viejas suelen presentar una coloración blanquecina debido a la separación de la cutícula del resto del tejido.
En el envés de las hojas los síntomas son menos aparentes y consisten en zonas ennegrecidas discontinuas a lo largo del nervio central. Algunas veces la lesión se limita sólo al pecíolo de la hoja, la cual cae aún verde o tras amarillear. Otras veces las lesiones pueden afectar al pedúnculo del fruto, originando un arrugamiento de la aceituna y una caída prematura de ésta, acompañada del pedúnculo. Más raramente se observan lesiones en el fruto; en este caso, la aceituna aparece deformada al detenerse el crecimiento de la zona afectada. Cuando el fruto está desarrollado no hay deformación del mismo, pero las partes afectadas permanecen verdes más tiempo y presentan una ligera tonalidad marrón debida a las esporas del hongo. En ataques severos, el crecimiento del hongo forma una verdadera costra o roña en la superficie de la aceituna, llegando a producir el agrietamiento de la misma.
Como consecuencia de las lesiones foliares se produce una caída importante de hojas, lo cual se aprecia claramente en los árboles y, sobre todo, en las ramas bajas, que son las más afectadas por la enfermedad y que pueden quedar totalmente defoliadas o peladas, a lo que hace referencia el nombre de Repilo. Evidentemente, no todas las defoliaciones en olivo son debidas a la misma causa; si bien, esta enfermedad es la principal.
Epidemiología.
El patógeno sobrevive durante los períodos desfavorables, principalmente tiempo seco y caluroso, en las hojas caídas y, sobre todo, en las hojas afectadas que permanecen en el árbol. Las conidias formadas en estas últimas se mantienen viables durante varios meses, aunque una vez separadas de los conidióforos pierden su capacidad germinativa en menos de una semana. Tras un período húmedo puede producirse con facilidad una nueva tanda de conidias en las manchas foliares. Ello determina que en ambientes mediterráneos existan conidias viables disponibles para la dispersión e infección durante casi todo el año, con dos máximos, uno en otoño y otro al comienzo de la primavera, así como un número muy escaso o nulo durante el verano.
Las conidias se dispersan casi exclusivamente por la lluvia, de aquí que las sucesivas infecciones tengan lugar a cortas distancias, preferentemente en sentido descendente del árbol. En tiempo seco, las conidias no son separadas con facilidad de los conidióforos por corrientes de aire; sin embargo, recientemente se ha determinado su dispersión por el viento e insectos en ausencia de lluvia.

Una vez que las conidias han quedado depositadas en los tejidos susceptibles, la germinación sólo tiene lugar si existe agua libre o una humedad superior al 98 %, con temperaturas en el rango 0 - 27 ºC y el óptimo en torno a 15 ºC. Posteriormente, el establecimiento de la infección requiere agua libre o una atmósfera saturada de humedad durante 1 – 2 días, dependiendo de la temperatura, que presenta un amplio rango (5 – 25 ºC); si bien, el óptimo no está claramente definido, aunque se confirma que la temperatura óptima para la infección es próxima a los 15 ºC. Tras la infección, el desarrollo del hongo queda restringido a la capa cuticular de las paredes de las células epidérmicas. Este hábitat subcuticular proporciona al patógeno, además de los nutrientes que requiere para su desarrollo y esporulación, un pH subalcalino favorable para sus enzimas extracelulares y una protección contra la desecación y la radiación excesiva.
El periodo de tiempo que transcurre desde la infección hasta la aparición de síntomas es el periodo de incubación y tiene gran importancia epidemiológica. Su duración es variable, entre 2 y 15 semanas, en función de la temperatura, humedad relativa, variedad de olivo, edad de la hoja, etc.
Aunque se ha establecido el efecto global de la lluvia y de la temperatura sobre la infección de S. oleagina; sin embargo, el conocimiento de la influencia de los factores ambientales sobre los diferentes componentes del ciclo de la enfermedad es fragmentario y está basado en datos de campo, por lo que los resultados no son de aplicación general y resultan, a veces contradictorios.
Los estudios iniciados recientemente sobre la epidemiología del Repilo en condiciones de campo en Andalucía y mediante inoculaciones artificiales, han permitido identificar el final de la primavera (mayo – junio) como un momento especialmente crítico para la infección. Si este periodo se presenta fresco y lluvioso, la abundancia de inóculo y la existencia de hojas nuevas, que son más susceptibles y no están protegidas por fungicidas, dan lugar a infecciones severas. Estas infecciones permanecen latentes durante el verano, sin producir caída de las hojas, y constituyen la fuente de inóculo principal para las infecciones del otoño-invierno.
En cuanto a la susceptibilidad o resistencia de las variedades del olivo al Repilo; como norma general se ha establecido que las variedades de hoja y fruto pequeño son las más resistentes a contraer la enfermedad. El repilo no suele atacar al acebuche, la zorzaleña, farga o el lechín. Verdial y arbequina se convierten en las variedades más sensibles. Picual, hojiblanca, manzanilla, gordal y cornicabra presentan una resistencia media.





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