ENFERMEDADES DE LOS OLIVOS (III)

VERTICILOSIS.
Verticillium dahliae.

Características.
El agente causante de la Verticilosis es el hongo Hifomiceto Verticillium dahliae. Este hongo se reproduce asexualmente por medio de conidias y produce microesclerocios adaptados a soportar condiciones ambientales adversas. Gracias a ellos persiste en el suelo durante años, incluso en ausencia de plantas susceptibles o en condiciones de no cultivo.
La gama elevada de plantas huéspedes de V. dahliae, entre las que figuran malas hierbas de hoja ancha, le permite aumentar su población en el suelo con facilidad. Esto es particularmente importante en los campos próximos al olivar con cultivos susceptibles, como algodón, cártamo, girasol, remolacha, y diversas hortícolas (berenjena, patata, pimiento y tomate). Las plantas infestadas de estas especies aportan inóculo al suelo en forma de microesclerocios, una vez que los restos de cosecha son descompuestos por la actividad microbiana.
La difusión de la Verticilosis está asociada al establecimiento de nuevas plantaciones intensivas y a la utilización de suelos infestados por el patógeno. En los últimos años la importancia de la enfermedad ha aumentado progresivamente de forma paralela al aumento de la superficie e intensidad del cultivo.
Sintomatología.
Aunque la enfermedad no se manifiesta siempre con los mismos síntomas, se distinguen dos complejos sintomatológicos denominados:
Apoplejía: consiste en la muerte rápida de ramas o de la planta entera. Suele producirse en otoño o invierno. Las hojas quedan adheridas, aunque en árboles jóvenes pueden desprenderse. Este síndrome comienza en los extremos de las ramas. La prontitud en la aparición y la severidad de este síndrome, parece estar asociada a lluvias intensas en otoño y a temperaturas moderadas en otoño e invierno.
Decaimiento lento: aparece principalmente en primavera. El síntoma más característico es la desecación y momificado de las inflorescencias, que permanecen adheridas, en tanto que las hojas se desprenden. La superficie de las ramas afectadas adquiere con frecuencia un color morado peculiar y, en ocasiones, se produce una coloración marrón o rojiza en los tejidos vasculares. Las platas jóvenes pueden morir a consecuencia de la infección y los árboles suelen mostrar unas ramas afectadas y otras aparentemente sanas. La raíz de las plantas afectadas sólo muere ocasionalmente, por lo que en la mayor parte de los casos el olivo rebrota normalmente y en los años siguientes puede manifestar de nuevo la enfermedad.
Dada la inespecificidad de los síntomas, especialmente en el caso de la Apoplejía, el diagnóstico de esta enfermedad necesita confirmarse mediante el aislamiento e identificación del patógeno. El aislamiento a partir de los tejidos infectados puede presentar dificultades en algunas épocas del año, posiblemente debido a la inactivación del patógeno.
Epidemiología.
Ciclo de la enfermedad:
Los microesclerocios existentes en el suelo germinan produciendo hifas que penetran en las raíces de la planta, hasta alcanzar el sistema vascular. También es posible que la enfermedad se inicie a partir de plantones infectados que son llevados al campo de forma inadvertida desde el lugar de producción, ya que V. dahliae puede causar infecciones asintomáticas en las plantas. Aunque el hongo penetra a través de la raíz intacta, o por la inserción de raíces secundarias, también aprovecha de forma eficiente las heridas de cualquier naturaleza. Las labores facilitan la distribución del patógeno y causan heridas radiculares que pueden favorecer la penetración.


Una vez en el xilema, el micelio produce conidias que colonizan la planta por translocación con la corriente de savia a zonas superiores. La virulencia del aislado y la resistencia del cultivar determinan el nivel de colonización vascular de la planta, especialmente en el sistema radical, que está relacionada con la severidad de los síntomas que se producen en la parte aérea. Cuando los síntomas alcanzan cierta severidad comienza la formación de microesclerocios, primero en el xilema y después en el resto de los tejidos. Las plantas enfermas se defolian y en las hojas se forman microesclerocios. Una vez que los restos de material vegetal se descomponen, los microesclerocios quedan libres, o en grupos asociados a materia orgánica, dispuestos para iniciar nuevas infecciones.
Distribución:
El patógeno se distribuye en el campo de diversas formas, que incluyen: movimiento de suelo infestado, aperos y herramientas, agua de riego y material vegetal infectado, especialmente las hojas. A grandes distancias, el hombre contribuye a su dispersión con el traslado de material vegetal infectado de unas zonas a otras.
Cantidad de enfermedad que se produzca:
Está determinada por la densidad de inóculo en el suelo al comienzo del cultivo, y por la tasa de infección. La densidad de inóculo expresa la cantidad de microesclerocios existentes por unidad de peso o volumen de suelo. La tasa de infección refleja la eficacia de ese inóculo y está determinada por varios factores dependientes del huésped (resistencia varietal, nivel de nutrición, edad, etc.), del patógeno (virulencia) y del ambiente (temperatura del aire, humedad, tipo de suelo, etc.).
En el campo, la enfermedad suele aparecer a partir de los dos años de la plantación, aunque si se utilizan plantas infectadas pueden aparecer antes.

En olivo y en otros huéspedes leñosos, ocurre con frecuencia que las plantas enfermas en un año se recuperan de la enfermedad en el año o años siguientes. El fenómeno de la recuperación puede explicarse, aunque no se ha demostrado plenamente, por la inactivación o muerte del patógeno en el xilema viejo. En cualquier caso, este hecho sugiere una mayor tolerancia de la planta con la edad, fenómeno que debe tenerse en cuenta para el control.

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